Tiempos de Bummer
Tenía 9 o 10 años cuando entró en nuestras vidas un perrito mezcla de Dálmata y Bull terrier. Era chato, blanco con una mancha negra grande en el lomo y otra en un ojo tipo pirata y con su típico hocico abultado. Tenía la cola levantada siempre y se notaban sus músculos de las patas cuando andaba por la calle. Pero en su vida de cachorro un día le dio la Distemper. Durante la enfermedad de Bummer (así lo llamamos) experimenté varias situaciones en mi familia. Mi hermano Lalo, asumió la administración de los gastos de la familia, era el que movía el dinero de las ganancias del negocio de mi padre que con mi madre habían viajado a Ayacucho a visitar a su familia y a gozar de unas vacaciones. Era divertido verlo con la responsabilidad a sus cortos 16 a 18 años. Lo veíamos con gran respeto pero también era el padre perfecto, comprensivo y chévere, muy distinto al viejo. Durante la enfermedad de Bummer, Lalo comprendió que el dolor que nos causaba ver al perro todo flaco y ...